
En el siglo VIII, los vikingos se atrevieron a salir de sus tierras en Noruega, Dinamarca y Suecia en busca de aventura, tesoros y mejores tierras para cultivar. Fabricaban excelentes embarcaciones de madera que podían navegar en mares agitados y contra la corriente de los ríos, lo cual les permitía llegar con facilidad a las playas. Al comienzo saquearon ricos monasterios y ciudades costeras, y más adelante navegaron contra la corriente de los ríos Rin, Sena y Loira con el fin de atacar ciudades interiores. Los gobernantes locales eran sobornados con plata y oro.
No todos los vikingos eran saqueadores. Muchos eran granjeros que buscaban nuevas tierras o mercaderes que buscaban nuevos negocios. Eran excelentes navegantes y comerciantes, y se aventuraban a ir tan lejos como Constantinopla y Bagdad, en busca de territorios y comercios.
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